La pesca artesanal representa a una amplia mayoría de los pescadores de los Estados miembros de la UE y un amplio abanico de actividades. Las faenas de subsistencia, que emplean mano de obra intensiva, suponen una importante fuente de alimentos y de ingresos a numerosas familias. En el extremo opuesto, las operaciones de marcado carácter comercial y semi-industrial y con empleo intensivo de tecnologías pueden tener un severo impacto ambiental y afectar al desarrollo sostenible.
Las pesquerías artesanales se basan principalmente en las comunidades y las familias, en sociedades con un firme anclaje en su propio acervo cultural de tradiciones y conocimientos locales. Tanto los hombres como las mujeres desempeñan papeles fundamentales. El sector de pequeña escala cuenta con unos 100.000 puestos de trabajo en las tripulaciones de los pesqueros, hombres en su gran mayoría.
Las prácticas y las relaciones laborales están basadas en la cooperación, el parentesco y las redes sociales, donde el reparto de tareas y la participación en los beneficios resultan cruciales. Si el sexo masculino predomina en las faenas de captura en el mar, la presencia de la mujer es notable en las de tierra firme.
La mujer constituye un eslabón fundamental de la cadena que une la pesca en la mar con las actividades en tierra firme y con la distribución de beneficios entre todos los miembros de la comunidad y de la sociedad en su conjunto.
Adaptar la gestión pesquera a las necesidades del sector de pequeña escala necesita que se establezca un consenso a la hora de definir el concepto de pesca a pequeña escala. Actualmente el único consenso existente al respecto en la UE supone que las embarcaciones con eslora inferior a ciertos límites son de pequeña escala. Sin embargo, la definición del sector es controvertida, divisiva y polémica, como quedó de manifiesto durante las negociaciones de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio relativas a las subvenciones al sector pesquero, donde no se ha llegado a ninguna convergencia de opiniones sobre el particular.
Resulta de extrema importancia que la pesca a pequeña escala manifieste su interés en el proceso de reforma a fin de garantizar que los criterios empleados para definir el sector se apoyen en premisas adecuadas que vayan más allá del tamaño y la capacidad del buque, que incorporen y expliciten las relaciones económicas y sociales que colocan la pesca a pequeña escala en el centro mismo del tejido económico, social y cultural de las comunidades costeras.
Los próximos meses ofrecen la oportunidad de pasar revista a la importancia y el alcance de la pesca a pequeña escala en Europa, de aportar pruebas documentales de prácticas que favorezcan la sostenibilidad ambiental, la equidad social y la prosperidad económica, y de proponer los enfoques diferenciados necesarios a fin de preservar unos medios de vida sostenibles y unas comunidades pesqueras prósperas.
En este sentido no debe desdeñarse el importante papel que pueden desempeñar las subvenciones. Por una parte los pescadores necesitan capital para transformar sus prácticas insostenibles en sostenibles. Por otra parte, se impone invertir en formación y refuerzo de capacidades, así como en estructuras institucionales que respalden el desarrollo de las cadenas comerciales y los acuerdos de cogestión y que integren la ordenación y el desarrollo pesqueros en un contexto más amplio de regulación marítima y costera.
Al nivel global,
el sector artesanal y a pequeña escala ocupa al grueso de pescadores y operadores de la acuicultura que en él trabajan como autónomos, patrones-armadores independientes o marineros permanentes u ocasionales cuya retribución se rige por el sistema a la parte. Se calcula que alrededor del 75% de las operaciones pesqueras de todo el mundo se inscriben en la pesca artesanal o a pequeña escala. La mayoría de pescadores y de trabajadores de la acuicultura (un 85% del total) se concentran en Asia.
La pesca genera todo un abanico de medios de sustento interdependientes en tierra y, a través de una multiplicidad de vínculos con actividades previas y posteriores a la captura, constituye indirectamente un significativo polo de empleo. Además, el pescado supone una fuente irremplazable y asequible de proteínas y de otros nutrientes indispensables, especialmente para los segmentos de población más vulnerables. Todas estas circunstancias hacen de la pesca un elemento esencial de la economía, la seguridad alimentaria y el comercio a nivel local y del tejido social y cultural de las sociedades que la practican.
La pesca, una de las profesiones más duras físicamente, más arriesgadas y con una mayor tasa de siniestralidad del mundo, depende en primera instancia de la mano de obra masculina que desarrolla la captura. Por su parte, las mujeres desempeñan funciones y tareas imprescindibles (remuneradas y no remuneradas) en el sector y en el mantenimiento de las comunidades pesqueras y las redes sociales. Lamentablemente, el
reconocimiento a su labor es muy limitado.
Estos aspectos se subrayan por el informe de la Conferencia Mundial sobre la Pesca en Pequeña Escala – Garantizar pesquerías en pequeña escala sostenibles:
Unir la pesca responsable y el desarrollo social, Bangkok, Tailandia, 13-17 octubre, 2008.